Nos dan la una y las ocho cada día

Ilustración y Foto Javier Jaén Time 6-13 April 2020

 Durante esta cuarentena o reclusión, esto depende de las circunstancias de cada uno, los que nos quedamos en casa sabemos que debemos pasar el tiempo lo más tranquilos posible, para ello podemos generar rutinas de diferentes tipos cada uno elige unas cuantas: hacer ejercicio, jugar, ordenar, intentar hacer manualidades, trabajar, leer, aprender a tocar un instrumento, preparar menús, listas de recuerdos, estudiar, practicar relajación, dosificar de información,  comunicarse con la familia no a base de Whatsaap o de likes de pulsador, además deberíamos  intenta seguir un orden con el dormir, levantarse y acostarse, comer a las horas correctas, no caer en el picoteo…Todo ello y muchas más acciones son aconsejables para sobrellevar estos días que  esperamos que los seres próximos se curen, que los ingresados sean dados de alta, que tenemos que animar al que vuelve de trabajar, apoyar al que hayan perdido alguien, mantener el mejor humor, transmitir optimismo, respetarse…

También durante estos días de alguna manera  pasamos del abrazo del silencio que acompaña parte del día, a los abrazos de nuestros vecinos que son cálidos, de piña, de grupo, anónimos, emotivos, compartidos con la familia o con los compañeros de vivienda…

En la calle donde vivo y sus aledaños hacia  el mediodía cada día, en el microcosmos construido espontáneamente por los vecinos más próximos, a las 12:55 se abre el balcón de un quinto piso, aparece una silueta de mujer que coloca un amplificador de guitarra o de teclado, minutos antes se percibe movimiento en los balcones próximos en unos hay gente tomando el sol relajadamente o leyendo  en otros vecinos intercambiando alimentos o charlando poniéndose al día de noticias y rumores, un pequeño número de personas bajan a comprar pan o leche o van a pasear el perro ocasionalmente a esa hora, se distribuyen siguiendo las normas gubernamentales cruzan con complicidad la mirada porque saben que solo podrán oír un tema, que luego tienen que discurrir por la calzada para que nadie  ni nada perturbe la convivencia, para que cada día pueda repetirse mientras sea necesario Todos están a la espera de que a la 1 en punto las primeras notas del piano con las que la interprete comprueba volúmenes inicie este regalo anónimo a los oídos y convivencia.

Todos los que están en los balcones que dan a la calle, los que compran el pan, pasean al perro, los transeúntes sorprendidos que cuando se percaten preguntarán de donde viene esa hermosas melodía, el fotógrafo que documenta instantes de la vida «cotidiana de estos días», los de los balcones de calles colindantes, muy próximas, que escucharan gracias a los rebotes y reverberaciones generados por la arquitectura efecto que le  da una sensación etérea a la interpretación a este sector del «publico», callan, dejan sus quehaceres llaman a sus compañeros de piso a sus familiares, depositan su libro sobre la mesa o cierran los ojos en una tumbona, los callejeros se ordenan meticulosamente frente al balcón,  sonríen contentos agradecidos  de la rutina de la artista de nuestros microcosmos que nos hace romper nuestras rutinas muchas veces perezosas.

Y nos dan la una del mediodía, queremos que llegue cada día para que la música de esta anónima cantante nos haga sentir que no estamos solos, que todo este esfuerzo que están realizando las personas dedicadas a los servicios esenciales y que la disciplina individual del resto son para una finalidad colectiva.  

Luego nos dan las ocho y salimos en tropel puntuales al balcón aplaudir a todos los que nos ayudan y hacen posible que la maquinaria de servicios funcione, cada día se han sumado más  habitantes del microcosmos  y precisamente delante de casa desde un balcón una pareja joven con una niña ha puesto música durante un cuarto de hora cada noche, una música fácil, sin banderas, inclusiva, con la que todos se pueden identificar, cantar los estribillos y bailar. Durante quince minutos se han vislumbrado los perfiles a contraluz en la mayoría de balcones, las danzas sinuosas, los aplausos y aclamaciones de agradecimiento a los trabajadores, las palmas rítmicas o sincopadas de cada tema, el agradeciendo a la elección musical, las luces, las linternas que siguiendo el ritmo, de esta manera cada día también se ha generado esa sinergia en este microcosmos en la oscuridad. Hoy no era de noche, con el cambio de horario nos veíamos  hemos sonreído, saludado, puesto cara a muchos vecinos con los que hemos aplaudido, gritado, vitoreado, cantado y bailado durante 15 días. Precisamente hoy después de los efusivos, emocionantes , sentidos aplausos que ya nos congregaron por primera vez y que cada noche se han alargado, ha habido un relevo de artista que ha seguido la misma línea: hemos bailado y cantado rock, blues, rumba…y  se ha finalizado con un tema de Serrat Cantares (Antonio Machado):

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Cada noche por un momento, otra vez nos volvemos a sentir una tribu, que comparte ese instante que une su energía para hacer más soportable el resto del día, al acabar dar las buenas noches a «desconocidos» con alguna broma, con un esperanzador hasta mañana que dure lo que sea necesario y en que no falte nadie.

Toda esta energía positiva seguro que se acumula y nos hará a todos reflexionar sobre el modelo de sociedad que queremos donde podamos hacer con naturalidad muchas cosas que deseamos rectificar.

Publicado en: Arainfo.org opinión/altavoz el 30 de marzo 2020

https://arainfo.org/nos-dan-la-una-y-las-ocho-cada-dia/

Las recomendaciones


Las «recomendaciones» durante esta cuarentena en el espacio Europeo, lo que serían ordenes en países dictatoriales, el hecho que solo sean recomendaciones, no normas obligatorias, hace que su valor se diluya en algunos casos por comportamientos abusivos e insolidarios de personas inconscientes, privilegiadas del espacio donde viven aquí en occidente, la cuna del estado de bienestar.
Actualmente los ciudadanos de a pie cuando vamos a comprar intentamos mantener la recomendación de la distancia mínima e higiene entre personas y productos por encima de todo, en caso de no respetarla nos llamamos la atención mutuamente recibiendo y siendo testigos en la mayoría de los casos de una rectificación y una sincera disculpa. Ese descuido, esa tos del vecino, esa aproximación excesiva se convierte al llegar casa por momentos en incertidumbre hacia nuestros familiares hacia uno mismo, una pequeña reflexión del riesgo corrido una rápida limpieza manos, un silencio interno, una valoración real… .
En otros ámbitos hay toda una serie de individuos que intentan, y muchas veces consiguen, saltarse «las recomendaciones» de no cambiar de municipio o de mantener las distancias saludables en el trabajo en la calle, convencidos de que tienen una justificación personal superior para poder hacerlo, incluso pueden desviar la atención de sus actos erróneos apoyándose en sus fantasmas personales, indudablemente esto ocurre en un sentido socialmente o laboralmente hablando de arriba abajo y posiblemente permitido por estamentos superiores, pueden llegar a culpar de cualquier tontería a la persona que ha tenido que aguantar su falta de respeto, su falta de educación, su falta de sentido común, su falta de solidaridad por el momento en que vivimos, para sentirse congraciado con su vanidad, soberbia y orgullo, sin pensar en ningún momento las futuras cavilaciones por la situación vivida de la persona afectada por su descuido..
Las recomendaciones son las normas individuales con las que deberíamos poder vivir sin necesidad de llamarnos la atención entre nosotros, son las normas de convivencia que en caso de ser saltadas deben ir acompañadas inmediatas escusas, no de indiferencia, prepotencia ni de la justificación absurda o infantil entre individuos que se suponen maduros.
Las «recomendaciones» son las normas del día a día que debemos cumplir a raja tabla como sociedad madura que quiere superar esta pandemia, pero está claro que mientras haya individuos que no sean capaces de cumplirlas, aceptarlas y reconocer sus errores de comportamiento será difícil conseguirlo.
En todo caso si alguien se siente aludido espero que reflexione y actúe en consecuencia.

Publicado en Arainfo sección Altavoz 24 de marzo 2020

https://arainfo.org/las-recomendaciones/

Publicado en El diario.es opinión de los socios 1 de abril 2020 https://www.eldiario.es/opinionsocios/recomendaciones_6_1012158780.html

El arca de noe

Cuadro de por cortesía de: Joan Pallares

En estos momentos unos, muchos, están haciendo trabajos esenciales: médicos, enfermeros, personal de ambulancia, servicios de limpieza, comercios de alimentación, cuidadores, cuerpos de seguridad por desgracia necesarios, medios de comunicación … todos aquellos a los que tenemos que estar agradecidos de que consigan que la sociedad mantenga unos servicios mínimos para la recuperación de los enfermos, la prevención médica, la higiene, el orden; todo ello para que otros puedan realizar una cuarentena, aún indefinida, pero si la acción más sencilla en comparación con los riegos que corren y el esfuerzo que hacen todos esos «unos» que tiene un valor especifico en cada caso personal e intransferible en función de muchas variables que ellos mismos ni se plantean. Los que restamos en casa debemos esforzamos en generar una sinergia colectiva que no se limite solo a los aplausos a las 20h de cada día.
Estos otros los que nos quedamos en casa, donde nos dedicamos a juzgar las medidas tomadas, mirar la televisión, leer, ver series, transcurrir los días de la manera más placida y cómoda para que la convivencia de todos los miembros de la familia, o los compañeros de piso, distrayendo a los más pequeños, ayudando a los mayores, relajando a los adolescentes, evitando discusiones tantas veces peregrinas vaya básicamente intentando que la cotidianidad sea lo más cómoda afable y tranquila posible. Seguro que la mayoría tiene largos momentos de reflexión interna en que repasa episodios de la vida y los acepta ahora nada espera con urgencia solo el reloj que pasa las horas que no deja de ser un instante dentro del espacio ese relojero ciego que es el universo donde se combinan infinitamente las moléculas, los agujeros negros, las velocidades y las otras dimensiones para que en un rincón exista nuestro instante del que somos absolutamente responsables y que si deja de existir continuaran de forma innumerada ajustando su eternidad.
Cuantas horas de relax, de pensar, de repasar el tiempo, los tiempos vividos, las emociones, los sentimientos, reviviendo momentos esenciales, recorriendo la vida y las personas imprescindibles, amarrando lo mejor, recordando las muertes que han sido puntos de inflexión o de reflexión o cambio de rumbo por su trascendencia por su repercusión en la tristeza, por el tiempo que nos han mantenido en otro espacio como si viéramos el mundo desde fuera, incrédulos o que nos obligado a modificar el sentido de la vida…
Cuantas horas y como sin querer estamos obligados hacer un arca de noé personal de lo imprescindible, de lo mejor que nos ha pasado para no volverlo a olvidar, de amar las decisiones que nos hecho como somos, de querer a las personas presentes o perdidas que siguen acompañándonos con nuestra respiración nuestras emociones, todos los que han moldeado nuestra personalidad nuestro presente.
Hay que intentar recuperar y mantener esa arca llena de optimismo para compartirlo, para reflexionar e intentar no repetir lo que hemos hecho mal como individuos y como sociedad, porque sabemos que al finalizar este inesperado giro en la vida de todos, deberemos cambiar muchas cosas, muchos hábitos, corregir sistemas de convivencia priorizar en dirección contraria a la que hasta ahora hemos elegido para que globalmente este episodio no se convierta en una autofagia, en un canibalismo de zonas ricas sobre pobres provocado por la pandemia y por el eminente cambio climático.
A pesar de la tristeza por los momentos que pasan muchos familiares y amigos, tenemos que darle la vuelta los que por ahora salimos indemnes directamente para acompañar a los que están sufriendo, a los que marchan, a los que se quedaran «huérfanos» de una persona próxima un amigo, un familiar, un vecino, un compañero…
Toda la energía positiva que debemos acumular para trasmitirla a los que están consiguiendo que la sociedad funcione a partir de su sacrificio y su esfuerzo debemos saber acumularla paralelamente para reinventarnos como sociedad que aproveche este instante, porque dentro de ella junto a ese agradecimiento tendremos las llaves que nos permitan cambiar la dinámica global, generar una riqueza diferente en otra dirección a la plusvalía económica que es la que ha gobernado estas últimas décadas. Si olvidamos los momentos de reflexión volveremos a ese tremendo error de vivir en una sociedad invadida de autofagia.
Inesperadamente se ha producido una desagradable y nefasta pandemia en tres meses ha cambiado nuestra manera de vivir y que tenemos utilizar todo este esfuerzo contra este virus depredador para reconstruir con unos nuevos principios que entierren el devorador neocapitalismo, unos principios que se basen en el esfuerzo la voluntad y la disciplina para conseguir los mejor para cada uno y lo mejor para todos globalmente. Es tan solo una reflexión sin ánimos de predicar, pero si con el de hacer discernir individualmente lo que queremos escoger para todos.