Cuadro de por cortesía de: Joan Pallares

En estos momentos unos, muchos, están haciendo trabajos esenciales: médicos, enfermeros, personal de ambulancia, servicios de limpieza, comercios de alimentación, cuidadores, cuerpos de seguridad por desgracia necesarios, medios de comunicación … todos aquellos a los que tenemos que estar agradecidos de que consigan que la sociedad mantenga unos servicios mínimos para la recuperación de los enfermos, la prevención médica, la higiene, el orden; todo ello para que otros puedan realizar una cuarentena, aún indefinida, pero si la acción más sencilla en comparación con los riegos que corren y el esfuerzo que hacen todos esos «unos» que tiene un valor especifico en cada caso personal e intransferible en función de muchas variables que ellos mismos ni se plantean. Los que restamos en casa debemos esforzamos en generar una sinergia colectiva que no se limite solo a los aplausos a las 20h de cada día.
Estos otros los que nos quedamos en casa, donde nos dedicamos a juzgar las medidas tomadas, mirar la televisión, leer, ver series, transcurrir los días de la manera más placida y cómoda para que la convivencia de todos los miembros de la familia, o los compañeros de piso, distrayendo a los más pequeños, ayudando a los mayores, relajando a los adolescentes, evitando discusiones tantas veces peregrinas vaya básicamente intentando que la cotidianidad sea lo más cómoda afable y tranquila posible. Seguro que la mayoría tiene largos momentos de reflexión interna en que repasa episodios de la vida y los acepta ahora nada espera con urgencia solo el reloj que pasa las horas que no deja de ser un instante dentro del espacio ese relojero ciego que es el universo donde se combinan infinitamente las moléculas, los agujeros negros, las velocidades y las otras dimensiones para que en un rincón exista nuestro instante del que somos absolutamente responsables y que si deja de existir continuaran de forma innumerada ajustando su eternidad.
Cuantas horas de relax, de pensar, de repasar el tiempo, los tiempos vividos, las emociones, los sentimientos, reviviendo momentos esenciales, recorriendo la vida y las personas imprescindibles, amarrando lo mejor, recordando las muertes que han sido puntos de inflexión o de reflexión o cambio de rumbo por su trascendencia por su repercusión en la tristeza, por el tiempo que nos han mantenido en otro espacio como si viéramos el mundo desde fuera, incrédulos o que nos obligado a modificar el sentido de la vida…
Cuantas horas y como sin querer estamos obligados hacer un arca de noé personal de lo imprescindible, de lo mejor que nos ha pasado para no volverlo a olvidar, de amar las decisiones que nos hecho como somos, de querer a las personas presentes o perdidas que siguen acompañándonos con nuestra respiración nuestras emociones, todos los que han moldeado nuestra personalidad nuestro presente.
Hay que intentar recuperar y mantener esa arca llena de optimismo para compartirlo, para reflexionar e intentar no repetir lo que hemos hecho mal como individuos y como sociedad, porque sabemos que al finalizar este inesperado giro en la vida de todos, deberemos cambiar muchas cosas, muchos hábitos, corregir sistemas de convivencia priorizar en dirección contraria a la que hasta ahora hemos elegido para que globalmente este episodio no se convierta en una autofagia, en un canibalismo de zonas ricas sobre pobres provocado por la pandemia y por el eminente cambio climático.
A pesar de la tristeza por los momentos que pasan muchos familiares y amigos, tenemos que darle la vuelta los que por ahora salimos indemnes directamente para acompañar a los que están sufriendo, a los que marchan, a los que se quedaran «huérfanos» de una persona próxima un amigo, un familiar, un vecino, un compañero…
Toda la energía positiva que debemos acumular para trasmitirla a los que están consiguiendo que la sociedad funcione a partir de su sacrificio y su esfuerzo debemos saber acumularla paralelamente para reinventarnos como sociedad que aproveche este instante, porque dentro de ella junto a ese agradecimiento tendremos las llaves que nos permitan cambiar la dinámica global, generar una riqueza diferente en otra dirección a la plusvalía económica que es la que ha gobernado estas últimas décadas. Si olvidamos los momentos de reflexión volveremos a ese tremendo error de vivir en una sociedad invadida de autofagia.
Inesperadamente se ha producido una desagradable y nefasta pandemia en tres meses ha cambiado nuestra manera de vivir y que tenemos utilizar todo este esfuerzo contra este virus depredador para reconstruir con unos nuevos principios que entierren el devorador neocapitalismo, unos principios que se basen en el esfuerzo la voluntad y la disciplina para conseguir los mejor para cada uno y lo mejor para todos globalmente. Es tan solo una reflexión sin ánimos de predicar, pero si con el de hacer discernir individualmente lo que queremos escoger para todos.