El 12 de abril se conmemora el primer viaje espacial de un ser humano, en el año 1961 Yuri Gagarin hijo de un carpintero fue posiblemente, como dijo Pavel Popovich otro cosmonauta, «el primero en comprender la totalidad del planeta» alguien que entendió que es una unidad y se percató, desde la perspectiva de su viaje, de lo ridículas que son las fronteras. En primer lugar porque no están ni dibujadas ni marcadas, en segundo porque solo sirven para pelear y diferenciar.
Este planeta es una unidad biológica que necesita a todos sus seres vivos para sobrevivir en un universo en que la existencia de oxígeno y agua en su capa es una peculiaridad, aunque posiblemente no sea único si un hecho excepcional. Un planeta con una conciencia colectiva, que busca un equilibrio para su subsistencia, de la que forman parte todos seres vivos, elementos químicos, geológicos… Que la componen y que luchará contra todo aquello que la intente desestabilizar, aunque los culpables sean una pequeña parte de los miembros de su variada biodiversidad.
Hay unos individuos minúsculos, en esta pequeña y frágil esfera del Universo, que se empeñan en fortalecer limites, fronteras generando odio y supremacía para salvaguardar básicamente los intereses de las maquinarias que atacan el planeta, si hace falta se matan entre ellos, generan normas, leyes para justificar la basura, las guerras, la contaminación que destruye el ecosistema de la Tierra. La migración ha sido la forma de sobrevivir y evolucionar el ser humano en esta biodiversidad, este sentido evolutivo humano está siendo encorsetado constantemente iniciando lo que podría ser la aniquilación de la especie.
Durante un siglo hemos destruido a innumerables especies de animales y de vegetales pertenecientes a nuestro entorno sin escrúpulos, con la intención extraerles un beneficio económico a veces siendo simplemente víctimas colaterales de la expansión de un modelo regido por beneficios ficticios
Durante esta pandemia el modelo social ha puesto de manifiesto que hay normas y las leyes que justifican la muerte de los más débiles, de este virus lo único positivo que hay extraer es confirmar que con el capitalismo y su evolución ya se ha llegado al punto en que fallan las cuatro patas que lo soportan tal como avisa el planeta desde hace tiempo y no es que se tenga que reparar es que se debe diseñar de nuevo todo la relación entre seres humanos y la relación con la naturaleza.
La Tierra ante la inminente amenaza que le suponemos, al creernos dioses que juegan a dar o quitar la vida de su propia especie o destruyendo el entorno justificándolo con la plusvalía de necesidades innecesarias y perversas, reaccionará, nos barrerá como seres vivos si no somos capaces de reaccionar, nos convertirá en una anécdota débil y superflua dentro de su biodiversidad para seguir deambulando por el espacio infinito unos cuantos millones de años más buscando la forma de hacer sobrevivir su excepcional peculiaridad.