
No sé vosotros pero yo sueño cada día durante este estado de alarma, veo entre las caras que pasan, que se cruzan en las sombras y en las luces, las de una juventud alarmada que, de repente de un mazazo, se ha despertado. Observo que se preparan, cuando acabe esta tragedia, para buscar la manera de cambiar la mentira que les han vendido durante tantos años.
Decía un escritor, una mañana de estas en un programa de entretenimiento convertido en informativo, que las épocas socialmente negativas generan mucha literatura, creo que también generan revoluciones o grandes cambios sociales.
Durante estos episodios aparece lo mejor y lo peor de cada uno, de cada grupo, de cada profesión. Mientras admiramos la gran dedicación del personal médico y los servicios esenciales, que lo único que piden a los gestores es protección y herramientas para el desempeño de sus respectivas profesiones, por otro lado observamos un sistema que ante la posible pérdida de su tótem, la plusvalía económica, está asustado, pone al mismo nivel la urgencia médica con la posible crisis económica de su modelo, un sistema que en ningún ámbito ha producido o pensando con prioridad o previsión, sin analizar la posible multiplicación de los últimos virus de este mismo siglo. Está claro que la prevención medica y social no genera plusvalía, ya que no es palpable ni tiene una explotación competitiva como otros utensilios de “prevención-actualización” que probablemente nunca se utilicen pero que generan riqueza para unos cuantos: tanques, aviones, obuses autopropulsados, lanza granadas, fusiles de franco tirador, carros de combate, artillería pesada, blindados siembra minas…todo ellos tienen un valor claro económico y otro, por desgracia disuasorio. Así los poderes replican con la fantástica frase de “esto es lo que hay” con lo que justifican la decisión de su producción y las prioridades del mercado.
El sistema lleva engañándonos desde hace muchos años, pero esta situación actual genera la búsqueda de utopías o modelos más racionales de vida entre la ciudadanía, por ello está empeñado en vendernos que solo hay un camino y de una dirección con unos elementos que podemos disfrutar y otros que son fruta prohibida sustentado estos derechos y deberes hacia los ciudadanos sobre la base de leyes y normas, con sus peculiares, sujetos de hecho, mandato o prohibición, sanciones, con sus apéndices, excepciones y peculiaridades concretas que mantienen un modelo de vida degradado subyugado a la famosa repetida plusvalía en medio de un estado de derecho falso y engañoso. Lo más lejos posible de aquello que dijo Aristóteles sobre las leyes y normas: El común consentimiento de la ciudad, es decir lo que tiene sentido común en sí mismo como la disciplina y entrega, que tiene mucha gente de a pie sin tener ninguna duda de ello, trabajando o respetando el confinamiento.
En el estado Español hemos vivido políticamente esta pandemia de forma vergonzosa, desde las primeras frases perdona vidas al principio a la constante campaña electoral a partir de la segunda semana por parte de la mayoría de dirigentes de todos los partidos, gobiernos central, autonómicos o locales cargando las tintas unos contra otros de la manera más ridícula posible, todo ello sin el consentimiento de la ciudadanía que lo único que esperaba es que actuaran de la manera más profesional, solidaria, discreta y con el máximo sentido común posible tomando como ejemplo a todos los trabajadores del sector públicos o privado que desarrollan sus labores en los servicios esenciales, no comportarse como jefecillos de reinos de taifas que anhelan sobresalir, para recolectar futuros votos, utilizando los medios de comunicación que están a su alcance como plataformas propagandísticas y lanzando muchas veces sentencias como predicadores, no se veían tantos «púlpitos» desde hace mucho tiempo, una actitud muy generalizada en todo occidente, siempre hay que contradecir al contrario como primera premisa.
También existen excepciones y tenemos una dentro de la misma península Ibérica, el jefe de la oposición portuguesa le dijo al primer ministro de la república textualmente: “Señor primer ministro, cuente con la colaboración del PSD. Todo lo que nosotros podamos, ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte es nuestra suerte”. Cuanto hay que aprender y cuanta envidia sana.
Sueño que toda esta juventud, de edad o de espíritu, que observa atónita el ridículo de nuestros dirigentes después este mal sueño convertido por la manera de actuar de los políticos del estado y de todo occidente en una pesadilla, entienda que existe una forma de actuar en relación con la sociedad ligada a la elección de lo colectivamente correcto que da sentido de la vida tal como hacen mucha gente estos días y otra forma bien diferente que es la de hacerlo para mantener un rango social avalado por una democracia parlamentaria lenta, muy lenta, de la que lo único que se ha visto durante la pandemia es la incomprensible campaña electoral para mantener y mantenerse en un sistema caduco, que además estar dirigido desde estamentos, organizaciones y empresas a los que la ciudadanía no tiene acceso se rige por unos valores comerciales de mercado diferentes a los del sentido común propios de los seres humanos.
Este sistema vende una quimera un edén como el de Adán y Eva, pero se imaginan que en él solo hubiera un camino y un árbol hermoso que además estuviera prohibido tocar, que comer una fruta caída, si se tenía hambre, acarreara la culpa eterna en medio de un desierto para los infractores y sus descendientes, como las deudas, sin ir más lejos en la pasada crisis, que el sistema provocó a los ciudadanos y estados para asegurarse el eterno beneficio y poder en un intento de hacer como si fuera un dios, un ente casi con vida propia.
Si sueño que cuando se acabe esta pandemia cambiaran muchas cosas que no gozan del común consentimiento de la ciudad u de la ordenación de la razón dirigida al bien común o de lo que el pueblo manda y establece.
Tal vez lo que hay que hacer es un «mundo» y no «sistema» que lo controle, más armonioso y humano.
Si sueño que algún día se iniciará empezando por: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar, descomplejizar los cinco verbos necesarios para comenzar a salir de este entuerto como explica muy bien Carlos Taibo
Pubiblicado en el diario.es 22 de abril 2020
https://www.eldiario.es/opinionsocios/suenos-dias_6_1019508052.html