
Se me ocurre que las cosas importantes, si es posible, hay que dejarlas acabar antes de interrumpirlas, estos días el gobierno del estado tiene que alargar o ha alargado el estado de alarma, por supuesto, hay partidos a favor y en contra que buscan que en cuatro días se rediseñe lo que parece un complicado desconfinamiento, bueno estamos en una democracia y cada uno opina lo que quiere.
Lo más patético para mí es la constante utilización de estadísticas para justificar un voto en contra por intereses electorales, identitarios o económicos. De hecho es curioso como nos intentan engañar, la estadística con las variables adecuadas da la razón en una dirección concreta y a unos interese normalmente económicos.
Ahora mismo se hace hincapié en el número de muertos por cada 100.000 habitantes (macabro análisis) para poner el gobierno del estado a la cola o cuestionarlo comparativamente, según esos números en Estados Unidos lo está haciendo mejor que Bélgica España, Reino Unido, Italia, Francia, Países Bajos Irlanda, Suecia, Suiza. Ahí está una medalla para Trump, una estadística que al margen de contar muertos no acabo de entender para que sirve tanto como una de espacios políticos y kilómetros cuadrados si no es para generar percepciones suena a carreras de…. tal vez las que traten sobre densidades de habitantes por zonas concretas serían de menos competitividad y más utilidad.
Parece que en el fondo se trata de generar percepciones negativas para autojustificarse políticamente delante de unos electores a los que hay que mantener enojados respecto a un enemigo. Las estadísticas son toda una herramienta en manos de una derecha que las conoce y utiliza en su día a día económico generando generosas percepciones a sus poderes.
Además de las percepciones políticas hay las de los personajes públicos, hay dos ejemplos que me han llamado la atención, por un lado un escritor desde un pequeño pueblo dice :»Esta crisis es terrible pero me afectó más el otoño del 2017″ se supone que la crisis catalana. Otro escritor-periodista pregunta-afirma que «Destruir la economía es otra manera de destruir vidas», y solicita una estadista de los fallecidos menores de 70 años para poder analizar si es bueno o no el confinamiento bajo su punto de vista… más cerca del sistema difícil, cuántas vidas se destruyen o se ignoran en el mundo en nombre del progreso, la economía o la plusvalía cada día, pero como su repercusión no nos afecta directamente no nos molestan que ocurran.
En ambos casos la incidencia de la enfermedad en su vida parece nula o la importancia de las consecuencias de la pandemia en sus entorno mínima, por eso imagino que uno la ve lejana y el otro se olvida que el estado derecho se ha construido entre todos o si prefiere el derecho a vivir es para todos los miembros de la sociedad, por lo tanto el confinamiento entre otras cosas se ha utilizado como herramienta para intentar no saturar el sistema sanitario y salvar el máximo de vidas posibles, directamente nadie se convierte en prescindible porque lo decida la sociedad o económicamente sea rentable como mínimo es lo que se intenta en nuestro entorno.
En los tres casos parece que se observa que el problema en si pasa a segundo plano mientras que las percepciones políticas, sociales o económicas ganan espacio sobre la pura y dura realidad.
Comparar la pandemia con hechos sociopolíticos que te pueden gustar o no gustar, justificar en función del sistema económico la manera de actuar políticamente o utilizar estadísticas para especular la plusvalía de los votos, todo ello me parece personalmente pornografía respetando la libertad de expresión. La ética creo que aconsejaría no banalizar, actuar olvidando las pasiones, con criterios justos, lejos de los números, próximos a lo sanitaria y científicamente correcto. Pero ya se sabe contra gustos no hay nada escrito y en todos lados cuecen habas.