

Caminando a la búsqueda de chocolate para casa a las 3 y media de la tarde por una de las 7 grandes avenidas de Barcelona que a partir del último día de fase 0 domingo 24 se han convertido en peatonales, hasta final de junio, para facilitar el paseo de los ciudadanos de forma amplia de manera que a horas tranquilas es sencillo respetar los dos metros de distancia, concretando paseando por el excepcionalmente peatonal paseo de Sant Joan, allí en la confluencia con la calle Córcega he topado con la estatua y fuente que crean una pequeña isla en este punto, carece lapida explicativa o conmemorativa, ahora lleva meses restaurándose y la valla que la protege cuelga un cartel que reza «Monument en restauració», siempre he querido saber a qué se debía o celebraba este monumento. Recuerdo que en un programa de TV1 hace décadas, cuando solo había dos canales de televisión, en un concurso de personas con muchos conocimientos la última prueba para poder llevarse un suculento regalo económico era la de identificar un espacio de la ciudad donde residía el concursante que llegaba al final, para poder conseguirlo disponía de todo tipo de enciclopedias y diccionarios a parte de la ayuda de dos personas de su confianza para buscar e intentar encontrar respuesta final, creo que la mayoría de los telespectadores residentes en Barcelona reconocimos la imagen y su ubicaron, pero como el concursante, ignorábamos su nombre, no fue capaz de contestar perdiendo el premio, hoy por fin al volver a casa he encontrado la respuesta y algún detalle: es la estatua de Hércules o Heracles, creo que cualquiera que tenga conocimientos sobre mitología debe reconocerlo por sus artilugios y aspecto pero yo por inculto lo desconocía, otra curiosidad es que es la estatua decana ciudad de Barcelona, lo es desde la guerra civil cuando se destruyo la fuente de Santa Eulalia originaria de 1673, la que nos ocupa es de 1802 y recuerda el paso por estas tierras de Heracles junto a su hermano Hermes, mitológico fundador de la ciudad, camino de la fundación de Sevilla y Cáliz, la estatua estuvo inicialmente colocada cerca al actual Arco del Triunfo y junto a 3 esculturas más crearon un grupo monumental mitológico creado por Salvador Gurri para conmemorar una visita real a la ciudad, está claro que los Borbones no eran muy proclives a viajar hasta Catalunya daba tiempo a diseñar, crear, emplazar grupos escultóricos grandes entre visita y visita, pero siempre hay excepciones el penúltimo rey, dicen las malas lenguas, venía muy a menudo por «negocios y asuntos personales».
Durante este tranquilo paseo sin vehículos la mirada puede huir de la vigilancia a ser atropellado o del flujo de ciudadanos, se puede disfrutar de perspectivas diferentes de los edificios de «l’eixample» donde sus pisos más altos en los áticos y sobreáticos nos sorprenden con imágenes y formas desconocidas que la cotidianidad del día a día, la contaminación y el estrés no nos permiten observar ni apreciar como es debido.
Volviendo a la cotidianidad y a pesar del espacio que disfrutaba parece que el tema de llevar la mascarilla no acaba de cuajar en parte de la población como observamos continuamente, hay mucha gente que no la utiliza, no pasaría nada si llevaran un cartel que pusiera «yo no creo en las mascarillas» y tomaran las distancias mínimas propuestas por los especialistas, pero no es así no hay manera de establecer un pacto de sentido común. En este tranquilo paseo me he cruzado varias personas que no llevándola se mantenían a distancia, pero repentinamente una pareja sin mascarilla no estaban pendientes del entorno, me he parado y les he dejado espacio de sobras, de todas maneras el hombre se dirigía a mí sin mirar, a una distancia de menos de un metro y cuando forma educada le he pedido que se separara se ha sobresaltado comentando que se había asustado yo le he repuesto que el alarmado era yo por las distancias en las que nos encontrábamos su contestación ha sido de forma arrogante «acaso soy tan feo», por su lado había espacio para alejarse 2 metros y mucho más yo en cambio estaba limitado la valla de un parque infantil que me impedía distanciarme, han sido unos segundos absurdos y sin importancia real que me han dejado un mal sabor boca, la sensación de que era yo el que me comportaba de manera equivocada, señor guapo todo el mundo puede entender el despiste, la rotura, el olvido las disculpas y la broma pero la pose chulesca de que yo hago lo que me da la gana en la situación que atravesamos identifica al personaje por muy «progre» que vista.
He seguido mi periplo con el chocolate en la bolsa admirando gárgolas, gabletes, frisos vaya decoraciones de los edificios del paseo y sus calles colindantes esperando llegar a casa en busca de la monumental solución, descubrir a los semidioses asociados a la ciudad donde resido Heracles y Hermes su historia y olvidarme de esos seres sin mascarillas que deambulan convencidos de sus derechos individuales respecto a los colectivos en días complicados para todos…
Luego a las ocho de la tarde hemos cerrado «72 días y 500» noches como decía una vecina de aplausos para homenajear a nuestros Hermes y Heracles a ellos que nos aconsejan, recomiendan que tengamos prudencia y precaución, ellos que han dejado su salud, han puesto en riesgo a sus familias, han invertido el tiempo para curar, acompañar a los enfermos en todas las situaciones en que se han encontrado. Y todos los vecinos de «Bailén d’alt», como nos autodenominamos también por la idea de otra vecina, hemos aplaudido, bailado desde los balcones, terrados, ventanas durante 2 horas con mucha alegría para conseguir entre todos que esta reclusión se convierta por el comportamiento de la ciudadanía y la ayuda de la ciencia, en breve, en pasado que no se vuelva a repetir. Eso sí con ganas de hacer otra fiesta a pie de calle para celebrar la sinergia colectiva consiguiendo hacer acompañados más amena y soportable la reclusión de estos 72 días…
