
Desde el inicio de la pandemia y el estado de alarma, siempre me ha hecho gracia la imagen que ha corrido por las redes de dos perros mirando a un grupo de humanos exclamando uno al otro con cara de extrañeza ¡que habrán hecho, todos llevan bozal!
Pues la mascarilla o «bozal», que es de obligatorio uso en muchos espacios, nos otorga esa imagen animales con la boca tapada para estorbar alguna acción, el otro día paseando con mi pareja nos cruzamos con unos vecinos que hacía «meses» que no veíamos, todos con nuestros bozales quirúrgicos o de diseño, fue un encuentro fugaz con un Hola, ¿cómo estáis? Bien! bien! no pude evitar ladrar guau! guau! normal! normal! no es que vaya por la vida haciendo el perro pero por supuesto sonrieron y cada uno continuo en su dirección, mi compañera me acarició.
No somos perros entre otras cosas porque muchos humanos no tenemos el concepto de la lealtad con los demás desarrollada como la tiene los canes. Parece ser que la utilidad este elemento, cada vez tiene más detractores entre otros motivos por las consecuencias secundarias que algunos le otorgan, desde mi desconocimiento científico y técnico, si le diera la razón a todos los nuevos epidemiólogos por un lado tendría que comparecer a todo el personal sanitario que durante su dilatada carrera profesional deben utilizarlo y también me maravillaría del récord de Güines conseguido de «entendidos», en lo que es una especialidad científica multidisciplinaria, en el estado español. Francamente no me pasa sino al contrario y recuerdo a la manchega Olivia Sabuco que en el siglo XVI «un siglo antes de que los médicos venecianos comenzaran a llevar sus máscaras de pájaro ante la peste, advirtió que para evitar su contagio lo mejor sería cubrir la nariz y los ojos»…
Sinceramente cada vez que nos cruzamos con un grupo de primates sin bozal me pregunto, en ocasiones en voz alta, que información tienen ellos que yo carezco para poder pasear tan tranquilos y sin bozal, ¿por qué? ellos evitan, al no llevar el «cómodo » utensilio que dicen los especialistas que se debe utilizar, trasmitir o adquirir el virus más famosos de este siglo XXI…
No seré yo el chivato social pero sí que evitaré acercarme a semejantes primates potencialmente peligrosos, aunque se sientan ofendidos, para preservar la salud de mi entorno.
Simbólicamente muchos de nuestros políticos, aunque suene un poco antidemocrático, deberían utilizar un bozal, en este caso también como dice la etimología de la palabra «bozo» del latín «buccĕus » boca y del sufijo «al» que indica relación o pertenencia, para evitar hacer según qué tipo de declaraciones ofensivas, negligentes, los correspondientes reproches o ataques feroces de sus contrincantes y las barbaridades que luego utilizan para justificar muchas veces sus graves errores, para así ahorrar a los ciudadanos la torpeza de todos ellos e invertir el tiempo en solucionar aspectos problemáticos reales que afecten a todos, al margen indudablemente la aceptación a priori de dichos errores posiblemente optimizaría futuros recursos públicos.
Soy de los que me parece mejor que todos lleven mascarillas y una parte me gustaría que llevaran bozales que les impidieran ser protagonistas llenando los medios de comunicación y las redes sociales de tonterías, guerras personales y rencillas sobre todo por respeto a los ciudadanos, a los contribuyentes que pagan impuestos para justificar su existencia como gestores por cierto no solo de las preferencias sus votantes.
En la RAE bozal, entre otra cosas, quiere decir como nombre masculino : Dispositivo que se pone a ciertos animales, preferentemente perros , en el hocico para que no muerdan. Pues eso esperemos que esos políticos dejen de morderse, ya que pueden contagiarse la rabia y dejen de actuar como otra definición de la misma palabra en este caso un adjetivo: simples, necios o idiotas.