Nos intentan vender la mascarilla como parte de nuestro vestuario

Que fácil es utilizar la parónima fonética entre normal y norma para engañar
Normalidad: cualidad o condición de normal. Normal: cualidad o condición de una cosa que se halla en su estado natural.

Norma: regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etc. Normativa: conjunto de normas aplicables a una determinada materia actividad.

Algunos sectores de la sociedad intentan mezclar estos dos conceptos aprovechando la situación provocada por el COVID 19 respecto al estado de derecho, desde su aparición se han desplegado toda una serie de normas absolutamente excepcionales que merman la libertad de los ciudadanos, la mayoría lo aceptamos por su supuesta condición de necesidad imprescindible para superar la pandemia.
Ciertos sectores políticos y económicos están descubriendo que muchas de las herramientas y métodos de control de la ciudadanía pueden generar beneficios o nuevas necesidades para implantarlas aunque con algunas ya se intentaba hacer previamente.
Está claro que en este inesperado (quiero creer) rio revuelto hay ganancia de pescadores, parte de la normativa de control desplegada es del gusto del sistema económico y de los partidos políticos populistas o de extrema derecha, el control de fronteras sobre todo del sur, la vigilancia sobre el personal (ha habido varios intentos de establecer mecanismos de control a través de los teléfonos móviles), esto último de alguna manera si quisieran ya lo podrían hacer, existen algunas APPS que exigen la ubicación del receptor telefónico para poder utilizarlas, casi todas las que acompañan una transacción económica, además el número de teléfono y la identidad del propietario o usuario están asociados a entidades públicas y privadas para poder acceder a diferentes servicios de forma más cómoda y rápida como las citas de diferentes organismos públicos. Ciertamente el que no dispone de teléfono móvil (conozco alguno) se le complican mucho algunas gestiones.
Quién no ha recibido un correo o un mensaje telefónico de una empresa con la que tiene un vínculo paga un mantenimiento o cuota, que le informa de que cambia su política comercial o las condiciones de uso de alguno de sus servicios o productos, añadiendo al final que si no está de acuerdo entre en la web y lo desactive, en caso de no responder se activará el cambio o la nueva tarifa.
O la fantástica frase de «debido a las circunstancias actuales no podemos garantizar»… quién no ha hecho una consulta se ha cortado la conversación y en la siguiente llamada la solución o las instrucciones son diferentes a la que te habían dado en la anterior, indudablemente el usuario se siente engañado, Como esa nueva costumbre de valorar a la persona que te ha atendido, cuando no tienes ni idea de su situación laboral o la formación que ha recibido, ese es el nuevo control de calidad que tiene sobre todo las multinacionales para valorar a sus trabajadores.
El dinero metálico está desapareciendo siendo sustituido por tarjetas o por el «smartphone», a este paso sabrán hasta cuanto papel de higiénico compras al mes.
La juventud es más dócil está más controlada, hay menos contacto…
A cuantos les gusta hacer de policía de sus vecinos desde el balcón o por la calle cuando se lo han pedido o llamar la atención cuando un comportamiento es «peligroso», los que somos más mayores vivimos esa situación en el franquismo, durante un periodo de esa década en casa, si no se simpatizaba con Franco y la dictadura, te recordaban cada día que tuvieras cuidado con comentar nada de política en el colegio o en la calle, el estado realizó una campaña publicitaria que fomentaba el chivatazo por la «patria»…
Como parece agradar a algunos sectores conservadores el hecho de que los emigrantes estén más controlados.
Que fácil para el populismo abarcar y afilar sus «propuestas» para el control.
Que fácil para el sistema controlar el dinero y las necesidades gracias a la situación en que nos encontramos.
Cada vez es más descarado el espionaje a través del móvil con programas que al detectar según qué palabras despliegan toda la publicidad en torno a un producto, no solo en el móvil sino en cualquier soporte con acceso a internet que tengas introduciéndose en los buscadores y en las redes sociales.

A todo esto la herramienta individual más útil para frenar el COVID «la mascarilla» se convierte en el símbolo contra el que hay que luchar por su ubicación física y lo que esconde, de alguna manera sabemos que el día que ya no sea necesaria su utilización habremos superado el virus y nos tendremos que rebelar contra toda la normativa desplegada.
No existe ninguna nueva normalidad aunque haya campañas publicitarias que la fomenten y perfiles políticos que les seduzca la confusión.
Todo está adquiriendo una dimensión global controlada por el sistema pero únicamente en aspectos como el poder, gestión económica, control migratorio… no en el sentido de reparto equitativo universal.
La nueva normalidad como me decía Imma, mi compañera de vida después de comer tras unos anuncios en caja tonta, pretende convertir la «mascarilla» en un elemento más de nuestro «vestuario», como las camisas, la ropa interior, el calzado… la movilidad, la manera de controlar las sonrisas, que las palabras sean de difícil inteligibilidad, que cueste respirar…
Por otra parte se habla mucho de aprovechar este momento para encontrarse con uno mismo, para avanzar como individuos para conseguir que la sociedad salga fortalecida, pero no todo el mundo y el sistema quiere esa fortaleza en pro de la libertad, del respeto mutuo para conseguir los retos que se avecinan como: el de normalizar nuestra relación como especie con el planeta o que la migración, un acto normal en la historia de la humanidad, deje de llamarse crisis cuando está provocada por explotación de recursos naturales propios sufridos o la mercantilización de las guerras instigadas por parte de los estados a los que acuden los emigrantes o por del sistema en su territorio natal (¿que no es normal querer buscar opciones para sobrevivir?), hay que fortalecerse para la búsqueda de un cambio de modelo económico social «normal» para todos.
El sistema y sus seguidores desean salir más fortalecidos con un control exhaustivo de los ciudadanos donde el dinero siga siendo el tótem de sus mandamientos. Por ejemplo estos días leemos que hay estados que acaparan vacunas para el COVID 19 supongo que con dinero por otra parte el banco mundial ofrece «asistencia financiera» (deuda) a otros estados (no pueden acaparar) para destinarlo a vacunas… Sin comentarios.
Creo que la gente desea que las mascarillas formen parte del uniforme y vestuario de médicos de enfermeras de las auxiliares clínic@s de tod@s los que por motivos obvios deben llevarlo por precaución o higiene cuando son necesarias y luego que nos enseñen sus sonrisas o sus muecas que no las tengamos que intuir solo por las miradas por el gesto físico, sino también por toda su expresión facial
Todos sabemos que las mascarillas no son el problema, pero intuimos, cada uno a su manera, que el problema está entre las dos partes que separan las mascarillas: las personas con sus utopías y el sistema con sus necesidades e «intereses».

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