
Los buenos «ciudadanos», los que hemos aceptado las normas dictadas por los gobiernos que a la vez han estado asesorados por los lobbies principalmente el sanitario y el químico, rompiendo esas reglas mayoritariamente lo mínimo posible debemos estar orgullosos de nuestro comportamiento, un comportamiento no muy distinto que el proceder de la mayoría de los que la sociedad ha bautizado, erróneamente, como «negacionistas».
Esta pandemia ha hecho dar un giro claro político generalizado hacia una derecha populista, el gran enemigo elegido ha sido en este caso esos grupos que cuestionan el covid 19.
La forma atacar al «denialims» en ingles o negacionismo en castellano en última instancia ha sido la de censurar cualquier referencia que pueda favorecer la confusión sobre la manera de gestionar el desarrollo de la pandemia por parte del sistema. Se han creado una serie de algoritmos en las redes sociales que en el momento que detectan intenciones que perturben las normas dictadas, previo un primer aviso sean censuradas.
Se ha elegido una palabra absolutamente nefasta para agrupar a una cantidad de sensibilidades y puntos de vista diferentes que su propia elección es un insulto a la libertad de expresión.
Negacionismo RAE: m. Actitud que consiste en la negación de hechos históricos recientes y muy graves que están generalmente aceptados. El negacionismo del Holocausto o el VIH.
Intentar poner a la altura de estas dos semejantes barbaridades a las personas que cuestionan la pandemia y la forma como se ha gestionado desde un inicio su teórica raíz, y el desarrollo de las vacunas, me parece ante todo una barbaridad un despropósito y una manipulación, aun más después de todo lo ocurrido.
El comportamiento de la ciudadanía ha sido prácticamente ejemplar, en contraposición, a esta disposición ciudadana civilizada, nos encontramos con la una actitud por parte de los entes que dirigen las normas de convivencia y la economía absolutamente paupérrima. Llevamos un año de normas restrictivas hace cinco meses apareció la vacuna, por cierto misteriosamente rompiendo todos los plazos previstos y anunciados, han «florecido» los problemas de siempre: el sistema, su funcionamiento basado en el capital y la plusvalía que desde hace unos años se rige por preceptos neoliberales. Socialmente se han perdido, durante este periodo, una gran cantidad de derechos en nombre de la pandemia, unos derechos que a algunos les parece muy bien que los ciudadanos dejen de practicar: manifestaciones, expresión, movimiento, se ha incrementado la vigilancia haciendo partícipe de esta a la población que considere tener el derecho de juzgar al vecino … Creo recordar que hace pocos meses se prometió por parte de los gobiernos y las farmacéuticas o de los lobbies sanitarios el inicio a finales de diciembre de una rápida vacunación mundial contra el virus. Mientras estas conversaciones-negociaciones ocurrían se barajaban elevadas cifras que los gobiernos debían pagar por la susodicha vacuna.
La pandemia ha servido para que los políticos la utilicen como arma arrojadiza entre unos y otros para reivindicar sus expectativas de poder, las farmacéuticas están ganando dinero a través de una enfermedad global y el sistema afianza el neoliberalismo gracias a la dependencia sanitaria y a las restricciones de libertad que esta emergencia ha producido.
Paralelamente la mayoría de los medios de comunicación se han convertido en el altavoz de las discusiones políticas de la versión «oficial», al margen de estar interesados en mostrar la parte más despreciable de los mal llamados negacionistas, enseñando más los partidarios de la incredulidad obviando el sector que cuestiona desde explicación de la aparición del virus hasta las soluciones tomadas.
La estigmatización social en el sentido que sea es un síntoma de falta de democracia y de sentido común
Mientras se exige, justificadamente, más libertad de expresión sobre algunos temas de repente todo lo que rodea al «virus chino», su política y financiación en el momento que es atacado aparece un filtro de censura y descrédito contra sus detractores. Mucha culpa de ello la tiene la manipulación ejercida por los grupos de presión en las «antesalas de la política» donde se cuecen las leyes, las normas del juego y se escriben los contratos de las negociaciones, allí donde se encuentran los legisladores, los gestores políticos y los lobbies que salvaguardan la línea neoliberal del sistema.
A estas alturas parece que la pandemia está siendo una prueba para el Homo sapiens en sus necesidades básicas: economizar el tiempo consiguiendo alimentos para subsistir y perpetuar la especie, es decir la eficacia conjunta entre la ciudadanía con el sistema tanto el político como el económico.
Ahora mismo, seguro que una parte de la población se pregunta que hay que hacer después de la pandemia, es correcto que este modelo de convivencia sea el que se responsabilice de iniciar el aún más complejo problema del futuro, que es la crisis climática, porque en este caso vuelve a estar la dualidad global de «Cambiar o morir» intentar modificar radicalmente el patrón o en el mantenimiento del actual sistema neocapitalista que ha sido la fuerza motriz del cambio climático.
Sinceramente es difícil poder afirmar, que en general, tanto los políticos como el sistema como los lobbies han tenido prioritariamente en cuenta durante todo este tiempo os siguientes límites éticos: sentido de responsabilidad, la prelación del interés público a los intereses privados, el trabajo por una sociedad mejor promoviendo los bienes globales comunes y además la integridad, lealtad y el respeto para todos los ciudadanos de la tierra.
Parece que sin la prelación de estos valores básicos, entre otros, e implicando a toda la «especie» será muy difícil Cambiar.
¿Qué queremos un mundo convertido en una trinchera o un lugar donde vivir todos?
Imagen gentileza de: Joan Pallares «La herida» «Que todos dentro de nuestras posibilidades…..logremos que el Planeta…no se convierta en una gran trinchera…