En la isla de ayer

Es de noche, durante cuatro horas  hemos estado pensando, mirándonos, hablando: de la vida, de como la hemos vivido, hemos observado el futuro de como lo afrontamos, de la transformación de la energía, del “alma” de nuestros pensamientos y de su peso “atómico”, de hoy, de mañana y hemos vuelto ayer, de tu futuro… Y ahora en la penumbra de esta habitación, mientras descansas un poco abro el iPad para distraerme, aparece sin haberla llamado la página del reloj mundial, justo en la brecha que ocupan Apia y Pago Pago, dos ciudades situadas en la Polinesia capitales de Samoa y Samoa Americana respectivamente.

Hace unos años me entretuve, una ociosa tarde, en buscar las diferencias horarias mas amplias, o la línea imaginaria  que determina el cambio de fecha internacional, es decir explorando el meridiano de longitud 180º respecto al meridiano 0º de Greenwich. La verdad es que si miras en un atlas esta línea de cambio de fecha, que va del polo norte al polo sur, es un puzle increíble de horarios en un trazo geométrico zigzagueante en ambas direcciones en función de intereses nacionales y económicos.

Curiosamente, la distancia entre Apia y Pago Pago es de 123 Kilómetros, la diferencia de la salida de sol entre ambas es de 4 minutos y la puesta es de 5 minutos, pero su diferencia horaria es de 24 horas, cuando vas de Apia a Pago Pago te diriges directamente ayer, aunque es un viaje complicado difícil debido, si no estoy equivocado, a que solo hay un Ferry a la semana, los domingos, que tarda en recorrer 10 horas las 66,5 millas náuticas que las separa.


Decidí adoptar estas dos ciudades como una referencia inútil, pero que esta noche me ha servido para intentar entender lo que creo que queremos, en las inesperadas circunstancias que nos encontramos, todos: tú, tus hijas, tus amigos, tu familia… Volver al día de ayer. Como si en un imaginario mundo que el tiempo discurriera entre Apia y Pago Pago fuera posible volver atrás, pudiendo retornar, ir de hoy a ayer o a los ayeres sencillamente, mas rápido y fácil que viajar de Barcelona a Vinaròs observando con la mirada perdida las altas palmeras de los “mases” simbolizando “prosperidad”.


Ha sido una de esas noches que quieres que no se acaben nunca porque la persona o las personas con las que te encuentras son parte de tu vida, se van a ir de viaje y percibes que restan conversaciones por acabar a causa del cansancio o de un pequeño bucle que ya desenredaremos, relajadamente guardas algo para el próximo encuentro, ese mágico instante al cabo del tiempo en que parece que hoy es ayer, como si no hubieran pasado meses o años, y tras una sonrisa un abrazo sabes que reiniciarás aquello que, casi aposta, quedó pendiente.


Pero en estos días, este viaje no es de ida y vuelta, no se ha podido verbalizar todo lo que queríamos quedando frases, palabras, miradas, caricias en el tintero, entonces brota el anhelo: deseamos volver a “la isla de antes”, ir de Apia a Pago Pago para retrasar un día lo que se avecina lo que va a ocurrir aunque no lo queramos, intentamos no saber al mirarnos los ojos no recordar a donde se dirige tu barco; queremos seguir hablando e imaginando o escribiendo como los protagonistas de homónimo libro de Humberto Eco: Roberto de la Grive, Ferrante o el padre Caspar… Buscar una tregua: explicándonos historias de la “historia” o describiendo lugares o haciendo interpretaciones de la actualidad o discutiendo de futbol o platicando de nuestros hijos, parejas, familia, amigos, o de nuestros ancestros o de esto, lo otro, lo de mas allá, lo de aquí, lo de mañana o de ayer o lo de hoy… no lo de hoy porque deseamos estar en ayer. Y mientras seguir sintiendo como nos aprietas la mano con fuerza.

He visto en los ojos de todos los que en estos escasos dos días te han visitado, con los que también has hablado, pensado, mirado las ganas de seguir haciéndolo de tenerte cerca, de notar la fuerza de tus manos … y lo he oído también en la voz quebrada entre las palabras y las lágrimas de todos los que no han podido acercarse. Estoy seguro de que cada uno de todos nosotros tiene ese rincón, esa isla del “día de antes” compartida contigo guardada, que le acompañará toda la vida.


Ahora te toca descansar prepararte  para subir a ese barco, para navegar hacia esa desconocida isla fuera del tiempo.

Gracias por todo.


Nos vemos en la “próxima isla”, en el “punto fijo”, allá donde todo se concentra…

En memoria de: Luis Carlos de Gregorio-Rocasolano Jaumot


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