Recordar en la ciudad

Estaban dos personas sentadas mirando el horizonte a finales de septiembre, pensando lo que había pasado la anterior primavera, respiraban tranquilidad a la vez que se despertaba en ellos una extraña sensación al adentrarse en un otoño habiendo transcurrido el inicio de la estación del florecimiento de la naturaleza encerrados en casa,
Aquella tarde habían paseado bajando por las calles de la ciudad observando cómo caían algunas hojas caducas de los platanares alineados por las aceras cuyo brote había sido inexplicablemente usurpado de su memoria y visión.
La pasada primavera, recordaban, se habían encarcelado, lo definían oficialmente como confinación, lo habían hecho convencidos, ellos solos por «motu proprio», pero en realidad se habían autorecluido por un miedo justificado en sus pequeñas prisiones de cristal con sus recuerdos, con sus libros, con sus hijos si los tenían, con sus ropas, músicas, sillones, camas, trabajos, deudas, amores, desamores, rodeados de todas «sus propiedades» pero encarcelados…Intuían que el celador no era solo el virus sino ellos mismos por intuir que formaban parte de la maquinaría prescindible del planeta.
Recordaban con ilusión como los balcones y las ventanas los arrancaban de sus tedios, de sus sueños, de sus series, de sus libros, de sus llamadas, de sus ordenadores, de sus no abrazos, de sus no besos, de las distancias obligadas, cada día a las 8 de la tarde casi bruscamente para reunirse con sus vecinos saludando desde las aberturas de las fachadas o patios a posibles nuevos amigos o sino como mínimo compañeros de galera, para aplaudir juntos frenéticamente homenajeando a los que trabajaban y también recordando a los que nos dejaban. En ese pequeño aquelarre espontáneo diario había mucha esperanza, un hilo de tristeza y buena música para compartir.
Estaban mirando el horizonte del mar dos personas en septiembre aquel horizonte en el que descansa la vista, que alivia, que relaja como el fuego de una chimenea como el sueño de un niño; se preguntaban qué había pasado, no distinguían lo que era realidad o ficción ni lo que creían haber vivido, si la realidad era su encarcelamiento o el nacimiento de las hojas, o a la inversa. Como podían seguir, como crecían sin su ayuda esas hojas cómo funcionaba el mundo el universo sin sus decisiones su autoridad y porque el horizonte era más limpio, más recortado, más transparente el del mar y el de la montaña de donde bajaban las rieras y torrentes que se juntaban con las rectas calles en dirección hacia el mar.
Desconcertados divagaban de como se atrevían las hojas a brotar sin su permiso rompiendo el confinamiento para luego caer, es que acaso no creían o conocían las leyes y normas, con sus peculiares, sujetos de hecho, mandato o prohibición, sanciones, con sus apéndices, excepciones y peculiaridades para nacer sin su presencia. Su ficción superaba a la realidad o al revés, la ficción era el nacimiento y caducidad de las hojas que desconocían o su encarcelamiento, tal vez la realidad era que todo funcionaba igual de bien cuando ellos eran una pura ficción encarcelada dentro de un mundo en que para su sobrevivencia eran prescindibles …

Publicado en Arainfo altavoz 25 de abril 2020 https://arainfo.org/recordar-en-una-ciudad/

Los sueños de estos días

No sé vosotros pero yo sueño cada día durante este estado de alarma, veo entre las caras que pasan, que se cruzan en las sombras y en las luces, las de una juventud alarmada que, de repente de un mazazo, se ha despertado. Observo que se preparan, cuando acabe esta tragedia, para buscar la manera de cambiar la mentira que les han vendido durante tantos años.
Decía un escritor, una mañana de estas en un programa de entretenimiento convertido en informativo, que las épocas socialmente negativas generan mucha literatura, creo que también generan revoluciones o grandes cambios sociales.
Durante estos episodios aparece lo mejor y lo peor de cada uno, de cada grupo, de cada profesión. Mientras admiramos la gran dedicación del personal médico y los servicios esenciales, que lo único que piden a los gestores es protección y herramientas para el desempeño de sus respectivas profesiones, por otro lado observamos un sistema que ante la posible pérdida de su tótem, la plusvalía económica, está asustado, pone al mismo nivel la urgencia médica con la posible crisis económica de su modelo, un sistema que en ningún ámbito ha producido o pensando con prioridad o previsión, sin analizar la posible multiplicación de los últimos virus de este mismo siglo. Está claro que la prevención medica y social no genera plusvalía, ya que no es palpable ni tiene una explotación competitiva como otros utensilios de “prevención-actualización” que probablemente nunca se utilicen pero que generan riqueza para unos cuantos: tanques, aviones, obuses autopropulsados, lanza granadas, fusiles de franco tirador, carros de combate, artillería pesada, blindados siembra minas…todo ellos tienen un valor claro económico y otro, por desgracia disuasorio. Así los poderes replican con la fantástica frase de “esto es lo que hay” con lo que justifican la decisión de su producción y las prioridades del mercado.
El sistema lleva engañándonos desde hace muchos años, pero esta situación actual genera la búsqueda de utopías o modelos más racionales de vida entre la ciudadanía, por ello está empeñado en vendernos que solo hay un camino y de una dirección con unos elementos que podemos disfrutar y otros que son fruta prohibida sustentado estos derechos y deberes hacia los ciudadanos sobre la base de leyes y normas, con sus peculiares, sujetos de hecho, mandato o prohibición, sanciones, con sus apéndices, excepciones y peculiaridades concretas que mantienen un modelo de vida degradado subyugado a la famosa repetida plusvalía en medio de un estado de derecho falso y engañoso. Lo más lejos posible de aquello que dijo Aristóteles sobre las leyes y normas: El común consentimiento de la ciudad, es decir lo que tiene sentido común en sí mismo como la disciplina y entrega, que tiene mucha gente de a pie sin tener ninguna duda de ello, trabajando o respetando el confinamiento.
En el estado Español hemos vivido políticamente esta pandemia de forma vergonzosa, desde las primeras frases perdona vidas al principio a la constante campaña electoral a partir de la segunda semana por parte de la mayoría de dirigentes de todos los partidos, gobiernos central, autonómicos o locales cargando las tintas unos contra otros de la manera más ridícula posible, todo ello sin el consentimiento de la ciudadanía que lo único que esperaba es que actuaran de la manera más profesional, solidaria, discreta y con el máximo sentido común posible tomando como ejemplo a todos los trabajadores del sector públicos o privado que desarrollan sus labores en los servicios esenciales, no comportarse como jefecillos de reinos de taifas que anhelan sobresalir, para recolectar futuros votos, utilizando los medios de comunicación que están a su alcance como plataformas propagandísticas y lanzando muchas veces sentencias como predicadores, no se veían tantos «púlpitos» desde hace mucho tiempo, una actitud muy generalizada en todo occidente, siempre hay que contradecir al contrario como primera premisa.
También existen excepciones y tenemos una dentro de la misma península Ibérica, el jefe de la oposición portuguesa le dijo al primer ministro de la república textualmente: “Señor primer ministro, cuente con la colaboración del PSD. Todo lo que nosotros podamos, ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte es nuestra suerte”. Cuanto hay que aprender y cuanta envidia sana.
Sueño que toda esta juventud, de edad o de espíritu, que observa atónita el ridículo de nuestros dirigentes después este mal sueño convertido por la manera de actuar de los políticos del estado y de todo occidente en una pesadilla, entienda que existe una forma de actuar en relación con la sociedad ligada a la elección de lo colectivamente correcto que da sentido de la vida tal como hacen mucha gente estos días y otra forma bien diferente que es la de hacerlo para mantener un rango social avalado por una democracia parlamentaria lenta, muy lenta, de la que lo único que se ha visto durante la pandemia es la incomprensible campaña electoral para mantener y mantenerse en un sistema caduco, que además estar dirigido desde estamentos, organizaciones y empresas a los que la ciudadanía no tiene acceso se rige por unos valores comerciales de mercado diferentes a los del sentido común propios de los seres humanos.
Este sistema vende una quimera un edén como el de Adán y Eva, pero se imaginan que en él solo hubiera un camino y un árbol hermoso que además estuviera prohibido tocar, que comer una fruta caída, si se tenía hambre, acarreara la culpa eterna en medio de un desierto para los infractores y sus descendientes, como las deudas, sin ir más lejos en la pasada crisis, que el sistema provocó a los ciudadanos y estados para asegurarse el eterno beneficio y poder en un intento de hacer como si fuera un dios, un ente casi con vida propia.
Si sueño que cuando se acabe esta pandemia cambiaran muchas cosas que no gozan del común consentimiento de la ciudad u de la ordenación de la razón dirigida al bien común o de lo que el pueblo manda y establece.
Tal vez lo que hay que hacer es un «mundo» y no «sistema» que lo controle, más armonioso y humano.
Si sueño que algún día se iniciará empezando por: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar, descomplejizar los cinco verbos necesarios para comenzar a salir de este entuerto como explica muy bien Carlos Taibo

Pubiblicado en el diario.es 22 de abril 2020

https://www.eldiario.es/opinionsocios/suenos-dias_6_1019508052.html

Duelo en tiempo de corona virus

Estos días fallecen muchas personas, yo personalmente he sufrido una pérdida muy próxima y a pesar de que pertenecía al grupo que ha sido peor tratado por la sociedad durante esta tremenda pandemia, de forma excepcional pude despedirme directamente durante treinta minutos en la misma residencia donde vivía y falleció, tiempo que pasó como un relámpago y luego al día siguiente pude verla en cuerpo presente una vez ocurrido el deceso aunque en este momento eché mucho a faltar más calor humano, pero esto no es ni ha sido lo habitual en la mayoría de los casos por lo que no me puedo ni comparar ni quejar con lo que ha pasado la mayoría de los afectados.
La gente no se puede despedir de sus mayores que están en residencias ni de sus familiares o amigos que fallecen en los hospitales, se hacen en ocasiones una vídeo conferencia tierna emotiva facilitada por el personal sanitario o los técnicos de las residencias, pero esto no hace que el vacío y la incertidumbre se mantenga como hilo conductor de un final inevitable y soy incapaz de pensar lo que pase por la cabeza de los que se van y lo perciben.
Tras el fallecimiento sigue el duelo, esta parte es a la que no estamos en absoluto acostumbrados a atravesar en estas circunstancias ni en unas normales. Cada despedida es diferente porque los vínculos nunca son los mismos, el amor, la pena, la tristeza, pero si se pueden compartir con la gente del entorno propio o del fallecido de alguna manera iniciamos un camino en que este va ocupando otro nuevo espacio en nuestra vida.
El duelo es ineludible y no puede retrasarse, tiene una primera parte compartida donde se repasa la vida con las personas próximas, la gente se abraza profundamente, llora sin vergüenza luego al cabo de unos días cada uno hace una parte en solitario tranquilo que puede ser de diferente duración, para acabar intentando hacer aquello que nos repetimos unos a otros y pensamos: nadie muere del todo mientras este en el recuerdo de alguien, ese recuerdo hay que procurar forjarlo durante las etapas del duelo.
Que difícil tiene que ser para los que no han visto a la persona, ni se han despedido de ella, cuantas preguntas y dudas que posiblemente tampoco se habrían aclarado en circunstancias normales pero que se quedan en el tintero ahora que la situación lo han impedido, como repasar las últimas veces que se ha coincidido o mantenido contacto para comprobar los errores que sin querer se comenten en las relaciones humanas, como disgustan los tiempos actuales, como oír a los políticos o esos programas de entretenimiento convertidos en desinformativos.
Tenemos entre todos que tener mucha paciencia con las miles de personas que son parientes o amigos de los miles de muertos que este virus se nos está llevando, para ayudarlos a pasar el duelo. Hay que ayudar a verbalizar, las lagrimas interiores, los sentimientos, los anhelo, los buenos recuerdos…No es mi caso pero respiro esta tremenda pena e impotencia en familiares y amigos que han sufrido este tipo de pérdidas. Hay que acompañarlas como amigos
Porque nada ahora es al uso ni la agonía, ni la muerte, ni el sosiego, ni la pena, ni las lagrimas, ni el tacto, ni el calor, ni lo son mientras los recuerdos.
Yo he tenido la suerte de poder despedirme pero hay tantas personas que no han dispuesto de esta ventaja, si somos capaces de ayudarles entre todos no les será tan difícil desdibujar un campo de tristeza para crear uno de hermosos recuerdos.  

Publicado el 19 de abril 2020 en ARAINFO https://arainfo.org/duelo-en-tiempo-de-coronavirus/

En memoria de los fallecidos en residencias

Hoy al mediodía ha fallecido Nuria Jaumot Tobella nuestra madre, victima del corona virus, fue buena madre, buena abuela, hermana, bisabuela suegra, prima, tía y amiga…, me gustaría centrarme en una bella semblanza de ella, pero ahora mismo interiorizo una rabia que me lo impide, mañana o pasado escribiré sobre ello, su generosidad, sus enseñanzas y bondad.
Nuria ha fallecido a los 95 años en una residencia como muchos miles de personas mayores en este país en el último mes, a muchos de ellos no les tocaba marcharse ahora, no ha sido la naturaleza quien lo ha decidido, ha sido la ineficacia de una sociedad que esta vez ha segregado a este colectivo,una sociedad que por evitar el colapso del sistema sanitario no les ha dado el cobijo mínimo que necesitaban además de no prever medidas paralelas inmediatas para protegerlos, decidiendo que dejaban de formar parte de eso que llamamos «estado de bienestar» y sus servicios.
Me da muchas rabia que mi madre y miles personas se hayan marchado sin sosiego, sin abrazos, sin besos, sin consuelos, sin notar una mano o ver a sus familiares en el último suspiro.
Siento mucha rabia por que muchos de ellos además fueron el motor económico de su época y en la pasada crisis lo volvieron a ser a base de generosidad con todos sus descendientes, ellos han cuidado de sus hijos y luego lo hicieron de sus nietos
Ahora la vida les obsequia con este injusticia y perversidad.
El recuerdo que guardaremos de ellos sera bello, hermoso agradecido por todos los años compartidos en este caso 95.
El recuerde de sus muertes no pueden ser estadísticas, ni números ni debe gastarse la energía en señalar culpables, debe ser con el cariño que guardamos de ellos parte del motor que nos haga cambiar de sistema, de prioridades, de modelo de sociedad, se lo debemos!
Un abrazo a todos

Publicado en el diari Ara 19 de abril 2020undefined

Excepcional peculiaridad

El 12 de abril se conmemora el primer viaje espacial de un ser humano, en el año 1961 Yuri Gagarin hijo de un carpintero fue posiblemente, como dijo Pavel Popovich otro cosmonauta, «el primero en comprender la totalidad del planeta» alguien que entendió que es una unidad y se percató, desde la perspectiva de su viaje, de lo ridículas que son las fronteras. En primer lugar porque no están ni dibujadas ni marcadas, en segundo porque solo sirven para pelear y diferenciar.
Este planeta es una unidad biológica que necesita a todos sus seres vivos para sobrevivir en un universo en que la existencia de oxígeno y agua en su capa es una peculiaridad, aunque posiblemente no sea único si un hecho excepcional. Un planeta con una conciencia colectiva, que busca un equilibrio para su subsistencia, de la que forman parte todos seres vivos, elementos químicos, geológicos… Que la componen y que luchará contra todo aquello que la intente desestabilizar, aunque los culpables sean una pequeña parte de los miembros de su variada biodiversidad.
Hay unos individuos minúsculos, en esta pequeña y frágil esfera del Universo, que se empeñan en fortalecer limites, fronteras generando odio y supremacía para salvaguardar básicamente los intereses de las maquinarias que atacan el planeta, si hace falta se matan entre ellos, generan normas, leyes para justificar la basura, las guerras, la contaminación que destruye el ecosistema de la Tierra. La migración ha sido la forma de sobrevivir y evolucionar el ser humano en esta biodiversidad, este sentido evolutivo humano está siendo encorsetado constantemente iniciando lo que podría ser la aniquilación de la especie.
Durante un siglo hemos destruido a innumerables especies de animales y de vegetales pertenecientes a nuestro entorno sin escrúpulos, con la intención extraerles un beneficio económico a veces siendo simplemente víctimas colaterales de la expansión de un modelo regido por beneficios ficticios
Durante esta pandemia el modelo social ha puesto de manifiesto que hay normas y las leyes que justifican la muerte de los más débiles, de este virus lo único positivo que hay extraer es confirmar que con el capitalismo y su evolución ya se ha llegado al punto en que fallan las cuatro patas que lo soportan tal como avisa el planeta desde hace tiempo y no es que se tenga que reparar es que se debe diseñar de nuevo todo la relación entre seres humanos y la relación con la naturaleza.
La Tierra ante la inminente amenaza que le suponemos, al creernos dioses que juegan a dar o quitar la vida de su propia especie o destruyendo el entorno justificándolo con la plusvalía de necesidades innecesarias y perversas, reaccionará, nos barrerá como seres vivos si no somos capaces de reaccionar, nos convertirá en una anécdota débil y superflua dentro de su biodiversidad para seguir deambulando por el espacio infinito unos cuantos millones de años más buscando la forma de hacer sobrevivir su excepcional peculiaridad.

Paso a Paso con el Covid 19

Ilustración original por cortesía de: MARCELO

Creo que somos muy imaginativos los ciudadanos de Iberia. Una cualidad enriquecedora habitualmente pero ahora mismo muy poco eficaz colectivamente, lo digo por la diversidad de opiniones diferentes que atesoramos, que directamente nos hace tener 46 millones de maneras diferentes de arreglar esta maldita enfermedad, «el puto virus» como lo llamaba ayer Pepe, un amigo médico, mientras le pedía que pasara a saludar, si tenía un momento, a un familiar ingresado en el hospital en el que trabaja. Y ahora no es la imaginación sino la ciencia, la medina la que tiene que actuar y decidir. Indudablemente no occidente sino la especie humana no estaba preparada para nada semejante, por eso se cometen errores. No tenemos la capacidad de tener 7.000 u 8.000 millones de casi nada, y por desgracia no podemos fabricar ni en cuatro días ni en dos meses los miles de millones de mascarillas o los millones de respiradores que se necesitaran, no solo para Europa, sino para África y el resto del mundo en cuanto se extienda. Parece que nadie se acuerda del cuento del ajedrez y los granos de trigo, Sirham se creía tan rico que podría conseguir lo que fuera que le pidiera Sissa pero fue incapaz de conseguir 18 trillones de semillas como le había pedido su maestro. Nada cae del cielo no se hace solo, pero creerse Sirham es necio cuando delante lo que tienes es un microscópico virus que desconoces totalmente. Antes de perder recolectando lo que no existe hay que utilizar la investigación, la inteligencia y los conocimientos para ganar una partida que no se juega al azar se juega paso a paso, con lo que tienes y esperando que lleguen refuerzos, con esperanza y no desasosiego. Todo esto me viene a la cabeza por lo que oigo y veo en algunos medios de comunicación muy populares y en declaraciones de líderes, señores periodistas y políticos tal vez estaría bien rajar menos y sumar más, esto lo comentaba precisamente en un programa de los que se consideran «esenciales» un psiquiatra que abogaba por no hacer estar a la audiencia pendiente todo el día del «puto virus» y su parte negativa. Lo decía ante la perpleja cara del presentador que inmediatamente reaccionó increpándole, con una sonrisa, que eso era perjudicial para su programa y su audiencia, ante lo que el médico elegantemente realizó un juego de palabras para que se tranquilizara… Personalmente intento esquivar la televisión y los enlaces de Whatsaap de gente que solo se lee los titulares y los reenvía sin saber que barbaridades o falacias esconden. Fakes para desprestigiar a alguien a base de estupideces y silogismos baratos.
Es difícil no percibir que de repente en este país han surgido centenares de Shirham ricos en todo y ahora especialistas en pandemias, maneras de gestionarlas, mecánicas planificación de grandes hospitales o la fabricación de material médico en grandes cantidades, desde la nada, transporte y reparto de todo ello. Estamos rodeados de gente que desde luego se cree muy lista y considera a los otros muy tontos, como mínimo es la sensación que dan por la manera de hablar en tertulias y el tono que utilizan para exponer sus «conocimientos». Los programas de opinión política, prensa amarilla y rosa se han convertido en programas de información médica, de estudios de pandemias, y en campañas electorales que intentan transmitir que al finalizar todo este triste episodio Covid 19 todo habrá estado mal hecho, por lo visto esta forma de hacer periodismo es un elemento esencial para vida del país o del estado, los trabajadores que los realizan deben estar expuestos al riesgo propio y de sus familiares obligados por los directores y dirigentes de las cadenas. Me pregunto con qué derecho moral lo deciden o si los medidores audiencia creen que lo justifican o esa esencialidad de mantener el fuego de la discordia política encendido alimentando el enfrentamiento de toda la oposición con el gobierno del estado. Precisamente toda esa oposición, que fue la artífice del espolio de la sanidad y la investigación pública a partir de 2010 en todo el estado, sigue avivando aquello de cuanto peor mejor.
El problema es que nos jugamos vidas, posiblemente las de los más débiles no lo olvidemos. Y entonces siento mucha vergüenza cuando veo algunos periodistas, intentando señalar culpables, buscando la respuesta negativa con insistentes preguntas en entrevistas a los especialistas profesionales que los atienden, muchas veces agotados mientras están trabajando, pero que con sabiduría y desde la experiencia vivida o vista por utilización política de algunas declaraciones propias o de compañeros se niegan a dar las respuestas que busca el «informador en cuestión». Todo por tener un triste titular sonoro y efímero.

Está claro que para algunos había que trazar un plan a la medida de sastre de cada presidente de Gobierno de la diferentes autonomías que por cierto parecen muchas veces, por su manera de entender la economía estos días, reinos de taifas en manos de los intereses de económicos y políticos de cada zona.

Oigo que hay un interés casi enfermizo en desprestigiar por todos lados el esfuerzo que se está haciendo y por mostrar el aspecto negativo de todo lo que proviene del gobierno, hay ciertos políticos o portavoces que con el yo-mi-me-conmigo todo lo que digo y hago es perfecto, lo de los demás no es ni esencial ni sustancial en todo caso es erróneo, muestran una postura patética como gestores que están intentando hacer campaña política, en medio de un desastre colectivo, para justificar sus intenciones futuras en momentos en que todos los que cobran del estado deberían estar sumando. Otros políticos montan ruedas de prensa o declaraciones partidistas, intentando hacer un bloqueo institucional absurdo, es la estrategia de la derecha y extrema derecha neoliberal que se sitúa más cerca de Trump y Bolsonaro que de los ciudadanos de a pie que después de los protagonistas de los servicios esenciales a los que todos agradecemos y admiramos son los que están haciendo un tremendo esfuerzo para quedarse en casa, controlar la enfermedad desde los hogares, sufrir por los ingresados, enterar en silencio a distancia a los fallecidos y mantener el máxima tensión para que «el puto virus» desaparezca realmente.

Publicado el 9 de abril 2020 Araifo

https://arainfo.org/paso-a-paso-con-el-covid19-el-puto-virus/

Nos dan la una y las ocho cada día

Ilustración y Foto Javier Jaén Time 6-13 April 2020

 Durante esta cuarentena o reclusión, esto depende de las circunstancias de cada uno, los que nos quedamos en casa sabemos que debemos pasar el tiempo lo más tranquilos posible, para ello podemos generar rutinas de diferentes tipos cada uno elige unas cuantas: hacer ejercicio, jugar, ordenar, intentar hacer manualidades, trabajar, leer, aprender a tocar un instrumento, preparar menús, listas de recuerdos, estudiar, practicar relajación, dosificar de información,  comunicarse con la familia no a base de Whatsaap o de likes de pulsador, además deberíamos  intenta seguir un orden con el dormir, levantarse y acostarse, comer a las horas correctas, no caer en el picoteo…Todo ello y muchas más acciones son aconsejables para sobrellevar estos días que  esperamos que los seres próximos se curen, que los ingresados sean dados de alta, que tenemos que animar al que vuelve de trabajar, apoyar al que hayan perdido alguien, mantener el mejor humor, transmitir optimismo, respetarse…

También durante estos días de alguna manera  pasamos del abrazo del silencio que acompaña parte del día, a los abrazos de nuestros vecinos que son cálidos, de piña, de grupo, anónimos, emotivos, compartidos con la familia o con los compañeros de vivienda…

En la calle donde vivo y sus aledaños hacia  el mediodía cada día, en el microcosmos construido espontáneamente por los vecinos más próximos, a las 12:55 se abre el balcón de un quinto piso, aparece una silueta de mujer que coloca un amplificador de guitarra o de teclado, minutos antes se percibe movimiento en los balcones próximos en unos hay gente tomando el sol relajadamente o leyendo  en otros vecinos intercambiando alimentos o charlando poniéndose al día de noticias y rumores, un pequeño número de personas bajan a comprar pan o leche o van a pasear el perro ocasionalmente a esa hora, se distribuyen siguiendo las normas gubernamentales cruzan con complicidad la mirada porque saben que solo podrán oír un tema, que luego tienen que discurrir por la calzada para que nadie  ni nada perturbe la convivencia, para que cada día pueda repetirse mientras sea necesario Todos están a la espera de que a la 1 en punto las primeras notas del piano con las que la interprete comprueba volúmenes inicie este regalo anónimo a los oídos y convivencia.

Todos los que están en los balcones que dan a la calle, los que compran el pan, pasean al perro, los transeúntes sorprendidos que cuando se percaten preguntarán de donde viene esa hermosas melodía, el fotógrafo que documenta instantes de la vida «cotidiana de estos días», los de los balcones de calles colindantes, muy próximas, que escucharan gracias a los rebotes y reverberaciones generados por la arquitectura efecto que le  da una sensación etérea a la interpretación a este sector del «publico», callan, dejan sus quehaceres llaman a sus compañeros de piso a sus familiares, depositan su libro sobre la mesa o cierran los ojos en una tumbona, los callejeros se ordenan meticulosamente frente al balcón,  sonríen contentos agradecidos  de la rutina de la artista de nuestros microcosmos que nos hace romper nuestras rutinas muchas veces perezosas.

Y nos dan la una del mediodía, queremos que llegue cada día para que la música de esta anónima cantante nos haga sentir que no estamos solos, que todo este esfuerzo que están realizando las personas dedicadas a los servicios esenciales y que la disciplina individual del resto son para una finalidad colectiva.  

Luego nos dan las ocho y salimos en tropel puntuales al balcón aplaudir a todos los que nos ayudan y hacen posible que la maquinaria de servicios funcione, cada día se han sumado más  habitantes del microcosmos  y precisamente delante de casa desde un balcón una pareja joven con una niña ha puesto música durante un cuarto de hora cada noche, una música fácil, sin banderas, inclusiva, con la que todos se pueden identificar, cantar los estribillos y bailar. Durante quince minutos se han vislumbrado los perfiles a contraluz en la mayoría de balcones, las danzas sinuosas, los aplausos y aclamaciones de agradecimiento a los trabajadores, las palmas rítmicas o sincopadas de cada tema, el agradeciendo a la elección musical, las luces, las linternas que siguiendo el ritmo, de esta manera cada día también se ha generado esa sinergia en este microcosmos en la oscuridad. Hoy no era de noche, con el cambio de horario nos veíamos  hemos sonreído, saludado, puesto cara a muchos vecinos con los que hemos aplaudido, gritado, vitoreado, cantado y bailado durante 15 días. Precisamente hoy después de los efusivos, emocionantes , sentidos aplausos que ya nos congregaron por primera vez y que cada noche se han alargado, ha habido un relevo de artista que ha seguido la misma línea: hemos bailado y cantado rock, blues, rumba…y  se ha finalizado con un tema de Serrat Cantares (Antonio Machado):

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Cada noche por un momento, otra vez nos volvemos a sentir una tribu, que comparte ese instante que une su energía para hacer más soportable el resto del día, al acabar dar las buenas noches a «desconocidos» con alguna broma, con un esperanzador hasta mañana que dure lo que sea necesario y en que no falte nadie.

Toda esta energía positiva seguro que se acumula y nos hará a todos reflexionar sobre el modelo de sociedad que queremos donde podamos hacer con naturalidad muchas cosas que deseamos rectificar.

Publicado en: Arainfo.org opinión/altavoz el 30 de marzo 2020

https://arainfo.org/nos-dan-la-una-y-las-ocho-cada-dia/

Las recomendaciones


Las «recomendaciones» durante esta cuarentena en el espacio Europeo, lo que serían ordenes en países dictatoriales, el hecho que solo sean recomendaciones, no normas obligatorias, hace que su valor se diluya en algunos casos por comportamientos abusivos e insolidarios de personas inconscientes, privilegiadas del espacio donde viven aquí en occidente, la cuna del estado de bienestar.
Actualmente los ciudadanos de a pie cuando vamos a comprar intentamos mantener la recomendación de la distancia mínima e higiene entre personas y productos por encima de todo, en caso de no respetarla nos llamamos la atención mutuamente recibiendo y siendo testigos en la mayoría de los casos de una rectificación y una sincera disculpa. Ese descuido, esa tos del vecino, esa aproximación excesiva se convierte al llegar casa por momentos en incertidumbre hacia nuestros familiares hacia uno mismo, una pequeña reflexión del riesgo corrido una rápida limpieza manos, un silencio interno, una valoración real… .
En otros ámbitos hay toda una serie de individuos que intentan, y muchas veces consiguen, saltarse «las recomendaciones» de no cambiar de municipio o de mantener las distancias saludables en el trabajo en la calle, convencidos de que tienen una justificación personal superior para poder hacerlo, incluso pueden desviar la atención de sus actos erróneos apoyándose en sus fantasmas personales, indudablemente esto ocurre en un sentido socialmente o laboralmente hablando de arriba abajo y posiblemente permitido por estamentos superiores, pueden llegar a culpar de cualquier tontería a la persona que ha tenido que aguantar su falta de respeto, su falta de educación, su falta de sentido común, su falta de solidaridad por el momento en que vivimos, para sentirse congraciado con su vanidad, soberbia y orgullo, sin pensar en ningún momento las futuras cavilaciones por la situación vivida de la persona afectada por su descuido..
Las recomendaciones son las normas individuales con las que deberíamos poder vivir sin necesidad de llamarnos la atención entre nosotros, son las normas de convivencia que en caso de ser saltadas deben ir acompañadas inmediatas escusas, no de indiferencia, prepotencia ni de la justificación absurda o infantil entre individuos que se suponen maduros.
Las «recomendaciones» son las normas del día a día que debemos cumplir a raja tabla como sociedad madura que quiere superar esta pandemia, pero está claro que mientras haya individuos que no sean capaces de cumplirlas, aceptarlas y reconocer sus errores de comportamiento será difícil conseguirlo.
En todo caso si alguien se siente aludido espero que reflexione y actúe en consecuencia.

Publicado en Arainfo sección Altavoz 24 de marzo 2020

https://arainfo.org/las-recomendaciones/

Publicado en El diario.es opinión de los socios 1 de abril 2020 https://www.eldiario.es/opinionsocios/recomendaciones_6_1012158780.html

El arca de noe

Cuadro de por cortesía de: Joan Pallares

En estos momentos unos, muchos, están haciendo trabajos esenciales: médicos, enfermeros, personal de ambulancia, servicios de limpieza, comercios de alimentación, cuidadores, cuerpos de seguridad por desgracia necesarios, medios de comunicación … todos aquellos a los que tenemos que estar agradecidos de que consigan que la sociedad mantenga unos servicios mínimos para la recuperación de los enfermos, la prevención médica, la higiene, el orden; todo ello para que otros puedan realizar una cuarentena, aún indefinida, pero si la acción más sencilla en comparación con los riegos que corren y el esfuerzo que hacen todos esos «unos» que tiene un valor especifico en cada caso personal e intransferible en función de muchas variables que ellos mismos ni se plantean. Los que restamos en casa debemos esforzamos en generar una sinergia colectiva que no se limite solo a los aplausos a las 20h de cada día.
Estos otros los que nos quedamos en casa, donde nos dedicamos a juzgar las medidas tomadas, mirar la televisión, leer, ver series, transcurrir los días de la manera más placida y cómoda para que la convivencia de todos los miembros de la familia, o los compañeros de piso, distrayendo a los más pequeños, ayudando a los mayores, relajando a los adolescentes, evitando discusiones tantas veces peregrinas vaya básicamente intentando que la cotidianidad sea lo más cómoda afable y tranquila posible. Seguro que la mayoría tiene largos momentos de reflexión interna en que repasa episodios de la vida y los acepta ahora nada espera con urgencia solo el reloj que pasa las horas que no deja de ser un instante dentro del espacio ese relojero ciego que es el universo donde se combinan infinitamente las moléculas, los agujeros negros, las velocidades y las otras dimensiones para que en un rincón exista nuestro instante del que somos absolutamente responsables y que si deja de existir continuaran de forma innumerada ajustando su eternidad.
Cuantas horas de relax, de pensar, de repasar el tiempo, los tiempos vividos, las emociones, los sentimientos, reviviendo momentos esenciales, recorriendo la vida y las personas imprescindibles, amarrando lo mejor, recordando las muertes que han sido puntos de inflexión o de reflexión o cambio de rumbo por su trascendencia por su repercusión en la tristeza, por el tiempo que nos han mantenido en otro espacio como si viéramos el mundo desde fuera, incrédulos o que nos obligado a modificar el sentido de la vida…
Cuantas horas y como sin querer estamos obligados hacer un arca de noé personal de lo imprescindible, de lo mejor que nos ha pasado para no volverlo a olvidar, de amar las decisiones que nos hecho como somos, de querer a las personas presentes o perdidas que siguen acompañándonos con nuestra respiración nuestras emociones, todos los que han moldeado nuestra personalidad nuestro presente.
Hay que intentar recuperar y mantener esa arca llena de optimismo para compartirlo, para reflexionar e intentar no repetir lo que hemos hecho mal como individuos y como sociedad, porque sabemos que al finalizar este inesperado giro en la vida de todos, deberemos cambiar muchas cosas, muchos hábitos, corregir sistemas de convivencia priorizar en dirección contraria a la que hasta ahora hemos elegido para que globalmente este episodio no se convierta en una autofagia, en un canibalismo de zonas ricas sobre pobres provocado por la pandemia y por el eminente cambio climático.
A pesar de la tristeza por los momentos que pasan muchos familiares y amigos, tenemos que darle la vuelta los que por ahora salimos indemnes directamente para acompañar a los que están sufriendo, a los que marchan, a los que se quedaran «huérfanos» de una persona próxima un amigo, un familiar, un vecino, un compañero…
Toda la energía positiva que debemos acumular para trasmitirla a los que están consiguiendo que la sociedad funcione a partir de su sacrificio y su esfuerzo debemos saber acumularla paralelamente para reinventarnos como sociedad que aproveche este instante, porque dentro de ella junto a ese agradecimiento tendremos las llaves que nos permitan cambiar la dinámica global, generar una riqueza diferente en otra dirección a la plusvalía económica que es la que ha gobernado estas últimas décadas. Si olvidamos los momentos de reflexión volveremos a ese tremendo error de vivir en una sociedad invadida de autofagia.
Inesperadamente se ha producido una desagradable y nefasta pandemia en tres meses ha cambiado nuestra manera de vivir y que tenemos utilizar todo este esfuerzo contra este virus depredador para reconstruir con unos nuevos principios que entierren el devorador neocapitalismo, unos principios que se basen en el esfuerzo la voluntad y la disciplina para conseguir los mejor para cada uno y lo mejor para todos globalmente. Es tan solo una reflexión sin ánimos de predicar, pero si con el de hacer discernir individualmente lo que queremos escoger para todos.